martes, 5 de febrero de 2008

Averías

Sucumbir ante lo perverso, ante las trampas propias y ajenas (hecho un ovillo) como si no hubiera nada más que el dolor diferido [asíntotas del sufrimiento: ƒ(x) = tan (x)]. Solamente la iteración del comienzo: ese pequeño golpe (infarto) que uno apenas percibe. Por otro lado todo se obscurece. Es imposible el conocimiento del mundo (verdad) pero se continúa con las teorías. Cada vez más complejas. Autoconsciencia elevada a la n potencia. Aún se habla de seres humanos, de máquinas complejas que tienden a desaparecer. Es simple: se siente. ¿Qué? El imposible del juicio anterior. (El deber siempre apunta hacia otro lado.) En términos de tiempo (t = 0) todo es pretérito, anulación del sentido de las manecillas del reloj. Lo terrible es el espacio. La sangre en la mirada de la memoria, en la finitud de la desgracia que se desea interminable, más aún, constante: un martillo infinito (en el Universo). Así el Goce. Pequeña dimensión en movimiento, microscopía del ser uno mismo péndulo que oscila (no en el vacío) a través de (todo tipo de) sucesiones inconexas. Mierda. Las ganas de morir, de vivir siempre en estados etéreos.


(Goya, Gigante)

He roto los recuerdos pero se quedan, todavía más presentes, más vivos. Todo regresa como una lluvia fulminante, implacable. Permanezco en la disyuntiva. Una y otra vez se antoja la lucha, el esfuerzo por hacer de cada momento un retorno. Luego desisto, abro los llantos, las nostalgias, las melancolías. Parece que sólo hay incongruencia y contradicción. Imagino el futuro (?) pero me nublo. Lo terrible es el olvido. Un poco de poesía. Sólo porque sí. Solo porque sí.

De hoy más, ya sé que mi destino
es el martirio delicioso
de atizar mi propio tormento
entregándome a ti fervoroso.

Succionaré para ahogar mi rencor
el filtro mágico, la cicuta
de ese pecho sin corazón
igual que el de una prostituta.


(Charles Baudelaire, El Leteo)

Quiero existir más allá de mí misma: con los aparecidos.
Quiero existir como lo que soy: una idea fija. Quiero ladrar, no alabar el silencio del espacio al que se nace.


(Alejandra Pizarnik, Texto de sombra)

Después de las lágrimas el pensamiento se llena de frases estúpidas, inconexas: olvidar los párpados amarillos; dejar que los gatos despierten las muletas; aprender el lenguaje de los rascacielos; inmovilizar los dientes perdidos; es un poco lento el silencio; nadie nace a las ocho de la noche de ayer; ese pez ha muerto; giran los andamios; se precipitan las manos. Así indefinidamente. Sr. Freud interpreta. La escritura siempre es incompleta. ¿Por qué?

lunes, 4 de febrero de 2008