
Un obscuro bang, pum, out of the nothing, recuerdo de la mirada petrificada en el azar. A punto de desconocer los puntos de encuentro, la casualidad de las reglas. El el nombre, el martillo que busca la resonancia para resquebrajar un discurso añejo. Las fuerzas subrepticias que se levantan contra los atavismos, no con las intensidades de las revoluciones sino con un ligero movimiento en los ejes que mueven el mundo. En ese sentido, las palabras se inscriben dentro de un marco de paradojas que atraviezan las lenguas como si buscaran un descenso hacia el sueño cronológico y los puntos comenzaran a desplazarse en los planos anteriores a Babel. Entonces un sentido comienza, el del juego del lenguaje.
Hay además una dimensión pictórica del pensamiento. Una interpretación “entre líneas” que se sitúa en un “más allá” del significado y el referente. ¿Escher discursivo? Se ponen de manifiesto las funciones ajenas al “se dice”, a las falsas intencionalidades y sobre todo el estado contemporáneo del arte, de la escritura. Es decir, las palabras cobran velocidades que tienden al infinito. Logaritmo de la desaparición.
Desencuadre dela angustia, del blanco del lienzo y de la página, de tal suerte que encontramos una especie de fugas de Lo Real, del Otro, del Deseo, entre el lector y las palabras caleidoscópicas que animan este encuadre virtual. Algo ha sucedido.
