jueves, 17 de abril de 2008

woe

1
La noche. Siempre y sólo la noche. Las horas que pasan como si todavía quisieran dibujarte, inventarte de alguna manera. Pero te desvaneces en el recuerdo que ya no fluye. Ahora la obscuridad, los líquidos del tiempo, el estertor sin sentido que lo recorre y trastoca todo. Me abrazo a tu ausencia casi sin ganas, como una costumbre inquebrantable. La ley. Siempre y sólo la ley. Las voces inevitables de tu partida, de tu silencio que se ahoga, de la historia que se fuga sin nada que hacer. Me duele tu nombre que se ha vuelto impronunciable; palabra prohibida y letras que sangran entre mis manos como las promesas que se rompen en el segundo de un adiós sin fuerza, sin coraje, sin amor.
2
Es sólo el corazón que se niega a olvidar la angustia, la melancolía, el insoportable ritmo de tu exilio. Réquiem interminable. Réquiem de lágrimas que se callan. Pero morir no tiene sentido. Los derroteros de la sensación se bifurcan en millones de aporías inconexas. Ahora divago en la noche sin poder ahuyentarte ni conciliar el sueño ni perdonar el insomnio. Ahora te has ido como un suspiro, como una nostalgia de espejos sin reflejos. Te pienso como una palabra que se repite en el infinito. No te imagino. Desapareces de súbito en un adiós sin adiós, sin siempre, sin amor.
3
Comienza la duda, la paranoia, el desequilibrio. Te pierdes sin materia, sin forma. Como las pesadillas en que te extermino. Vuelves una y otra vez, débil como el humo contra el que me estrello y muero. Nuestro pasado deviene imperceptible como la lluvia que aterriza cansada, inmóvil, y se filtra hacia la nada. No logro recordar si existes, si nos amamos, nos abrazamos, nos juramos la eternidad y nos deshicimos dentro del otro. No logro recordar si te conozco o es solamente la imaginación que escribe su propia historia. Las palabras pierden sentido. Por eso sangran, por eso se niegan a dejar el blanco de la pantalla, por eso se escapan como un adiós sin forma, sin densidad específica, sin amor.
4
El olvido es una herida en el tiempo que se oculta en las venas, en las palabras de agua, en la memoria de los días que no pasaron, de todo lo que no nos dijimos. Estoy triste. Mudo. Cansado. Inerte. Paranoico. Absurdo. Lento. Sangrante. Delirante. Insomne. Todo sucede sin ritmo, sin secuencias lógicas, sin movimiento, sin sonido. Tendría que dejarlo. Tendría que parar. Tendría que inventarme de nuevo, como una substancia, una materia incapaz de perderse en los ríos de tus negaciones perversas. Silencio. Nuestro silencio. Se terminó la búsqueda. Se terminaron las ilusiones. Se terminó la vida que se regocija en su absurdo como un adiós sin realidad, sin sueños, sin amor.
5
El corazón abierto. Órgano-muerte, órgano-decepción, órgano-confusión. Ya lo sabía, del otro lado no hay nada, ni siquiera la luna, ni la noche, ni las excusas que permitan cualquier otro camino. Me pierdo en esta constante de tu desaparición, en este pequeño naufragio que significa mucho más que el dolor atemporal de tu huida sin pretexto. Espero… Me lleno de falsos silencios que desmiembran los pensamientos, las sensaciones, las ganas, la inevitable necesidad de seguir. Sigo. Espero. Silencio. Pero te has ido. No hay más. No quiero más. Pero te has ido como la inocencia de los días en que jugábamos a ser felices. Tal vez no. Ya no sueño, ya no duermo, ya no habito mi cuerpo, mi mente, mis ideas. Ya no hay yo. No yo. Es otra cosa, otra idea. Algo te busca sin parar, sin poder dejar de mirar tu fantasma que me acompaña a todas horas, a todas partes. Tu presencia desgarra, aniquila. Tu ausencia me ha dejado sin rumbo, sin esquemas, sin la posibilidad de inventar un ritmo. Espero. Miro mis manos y espero. Continúo con las rutinas y espero. Me derrumbo en las pesadillas y espero. Lloro y espero. Extraño y espero. Pero ya no espero nada. Es sólo la melancolía, la insoportable palabra que carga con este adiós eterno, sin tiempo, sin amor.
6
Mientes. Es falso que no existes. Es falso que no estás, que tu calor inconfundible no es mío y que estás lágrimas caen por el abismo de todos los absurdos. Tampoco creo en la melancolía del saxofón, ni en el bandoneón que a lo lejos acompaña la desdicha y la soledad del mundo. Mienten la lluvia y la estrellas, la obscuridad de los sueños en los que te alejas y pierdes y desvaneces. Este pseudo olvido no es más que una trampa de la imaginación que juega con un adiós incierto, sin posibilidades, sin amor.
7
Adiós. Palabra del amor, de las historias inmortales, del profundo interior de la nada. Existes. Giras. Espiral de vuelos que fragmentan el aire, la densidad de cada segundo que pasa. ¿Sabes? Todo es tan pesado. No hay más que esta inmovilidad creciente que estalla las venas y las arterias, la repetición de las palabras con las que siempre nos inventamos. Una y otra vez. Así será. Se abren los laberintos, la noche. Siempre y sólo la noche. Los caminos pasan desapercibidos. Estoy completamente ciego. De ti me va quedando la distancia, el silencio, la noche, el olvido y la ausencia del adiós.

1 comentario:

Unknown dijo...

Me gusta la cadencia que le dan al texto las repeticiones finales. No hay amor sin adiós, dicen.

saludos