Hasta que parezca que ya nada va a suceder. Nunca más. Y las espirales se superponen en un descenso de gritos opacos y desesperados. El camino se enceguece; las manos artríticas se suspenden; y el corazón toca su último acorde. Estamos muertos. Nunca más.
1 comentario:
Muy bueno. Me gustan tus metáforas y tus figuras poéticas.
Pero un abrazo a ese corazón, no creo que de últimos acordes hasta que quien lo toca decida dejar la orquesta.
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